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SER POSITIVO...EL MEJOR REMEDIO

Enviado por Ulises el jue, 08 nov, 2007 a las 8:08

SER POSITIVO, EL MEJOR REMEDIO

Un grupo de científicos realizó el siguiente experimento: juntaron dos grupos de personas, a uno se le mostró un video de 15 minutos de la madre Teresa de Calcuta trabajando con los pacientes leprosos. Al otro, le exhibieron una película sobre los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

Luego de que terminaron los documentales, a ambos grupos se les midió el nivel de inmunoglobulina A, un anticuerpo que protege al cuerpo contra ciertos virus que atacan el sistema respiratorio y que se encuentra en la mucosa intestinal y la saliva.

Los resultados indicaron que en las personas que vieron el video de la madre Teresa, el anticuerpo subió y se mantuvo alto por seis horas. Por el contrario, el grupo expuesto a los nazis tuvo una considerable baja en la inmunoglobulina A, lo que los hacía, por ejemplo, más propensos a contraer una gripe o resfrío.

También se observó que dentro de la gente que vio a la madre Teresa, algunos tuvieron alto el anticuerpo sólo por una hora y después les bajó. Para averiguar por qué se producían estas diferencias se les mostró a todos la fotografía de una pareja mirando el horizonte. Al verla, algunos dijeron que se trataba de un par de enamorados y otros decían que acababan de pelearse. Así se descubrió que aquellos que eran positivos y veían amor en la foto eran los que mantenían el anticuerpo alto por seis horas, y quienes presentaban una mirada negativa y cínica sólo tenían el anticuerpo alto por 60 minutos.

Los especialistas concluyeron que la empatía y compasión que experimentaron las personas que vieron a la monjita, son sentimientos que producen un bienestar físico y que, además, una buena salud se ve beneficiada por una actitud positiva frente al mundo.

Experimentos como este refuerzan las ideas de una teoría sicológica llamada Biocognitiva. Esta fue desarrollada por el psicólogo especialista en siconeuroinmunología y psicología de la salud y director del Instituto de psicología Biocognitiva en Nashville, Estados Unidos, Mario Martínez. El profesional estuvo en nuestro país para dictar, en la Universidad de Chile, el curso "psicología Biocognitiva y Salud"; dentro de las próximas semanas la editorial Unicornio editará un cassette-libro con sus planteamientos.

La teoría biocognitiva trata de explicar la relación entre mente y cuerpo: "Bio es la parte biológica y 'cognitiva' la parte mental. Aunque se han realizado muchas investigaciones en diferentes áreas, todavía no se llega a una respuesta sobre cómo es el funcionamiento entre ellas", explica Mario Martínez.

- Yo decidí estudiar este fenómeno, frustrado por no poder entender los procesos de pacientes que tenían problemas orgánicos, pero que no encontraban solución ni con el médico ni con el psicólogo. Por lo general, la mayoría de los especialistas determinan que si la enfermedad no es física, entonces es mental. Esto no es así; todos los problemas, independientemente de la razón por la cual se originan, son biocognitivos, es decir, parte biológico y parte mental".

Lo primero que hizo Martínez fue crear el modelo de la teoría basado en las investigaciones de sicoinmunología. "Se descubrió, por ejemplo, que el sistema inmune se comunicaba con la mente y que incluso, como se vio en algunos experimentos, las ratas eran capaces de suprimirlo. También se determinó que la mente afectaba a todos los otros sistemas del cuerpo, como el neurológico, cardiológico y circulatorio".

Las conclusiones fueron claras.

"No se puede separar mente y cuerpo, porque estamos incorporados en una biología. No existen los problemas completamente orgánicos o exclusivamente mentales, todos son biocognitivos. Por desgracia la medicina sicosomática ha tomado a la mente como algo que influye en el cuerpo, pero siempre negativamente. Esto no funciona así; también puede afectarlo en forma positiva".

Las enfermedades, entonces, son producto de una combinación entre mente y cuerpo, aunque algunas se gatillan por lo orgánico y otras por lo mental, explica el psicólogo. "El estrés, por ejemplo, afecta la parte más vulnerable que genéticamente tiene una persona. Si no se domina el estrés, se puede afectar esa área y se crea diabetes, cáncer o úlcera, por ejemplo".

Por lo tanto, la salud no es la falta de enfermedad, sino el equilibrio entre mente, cuerpo y entorno, resalta Martínez. "Lamentablemente, no se estudia la salud sino las patologías. Durante los últimos diez años, en Estados Unidos se han publicado 20 mil artículos basados en la depresión, 400 en la alegría y 40 en el amor, lo que deja en claro que lo importante son las enfermedades. Pero eso es un error muy grande si se considera que, según los estudios, el amor es una de las cosas que dan más fuerza al sistema inmunológico".

Amor en la niñez

¿Cómo podemos, entonces, tener pensamientos y sentimientos que nos hagan más sanos? La respuesta no es fácil y tiene que ver principalmente con lo que aprendemos en nuestra niñez.

En la infancia, explica el psicólogo, se comienzan a crear lo que la teoría biocognitiva llama campos de creencias. "Son todas aquellas que acompañan al individuo durante su vida. Estas incluyen desde cosas simples, como 'no tengo que mojarme cuando llueve porque me resfrío', hasta 'si llego a la hora a mis citas soy responsable' o 'si no expreso mi molestia frente a una situación soy educado' ".

Cada individuo según sus vivencias, su familia y su cultura, desarrolla cierto tipo de creencias que se mantienen y completan a lo largo de la vida. El campo de creencias de un niño que vive en París no tiene nada que ver con el de un pequeño que habita la selva mexicana o con uno que vive en la Isla de Chiloé. Por ejemplo, cuando un niño africano tiene una infección, la tribu lo atribuye a espíritus malignos. El estrés que le produce el creerse atacado por esos espíritus le genera una depresión del sistema inmunológico. Al darle un antibiótico sólo se cura el cuerpo, no la mente; la única manera de revertir esa situación es a través de las creencias del grupo, usando algún hechizo para alejar los malos espíritus.

Además, todas las personas desarrollamos lo que se llama códigos bioéticos, que controlan las creencias y manejan la interpretación de la realidad, explica el experto. "Estos códigos se crean antes de los siete años, de acuerdo al ambiente en que se vive. Los niños aprenden visualmente, no conceptualmente; lo que vale es lo que los padres hacen, no lo que dicen. Si nos gustaría que fueran cariñosos, hay que demostrar afecto; si no se quiere que usen la ira, cuando hagan algo mal no hay que gritar o pegarles porque así sólo se les enseña que los problemas se resuelven con ira. La solución es hablarles con compasión, dulzura y explicarles que lo que hizo está mal. Esto, además de ser beneficioso para el niño, sirve para que uno mismo trabaje sus problemas de rabia y exaltación".

El primer código se llama portero y crea los límites o las fronteras de las creencias de las personas.

- Por ejemplo, si mi creencia es que mojarse en invierno es malo, mi frontera o límite, que es el miedo, me dice que si me mojo me puedo enfermar. Pero esa frontera no sólo está a nivel mental, sino también a nivel biológico. Entonces, cuando se traspasa, se genera una alarma en los niveles biológicos y el sistema inmunológico se deprime, lo que nos hace más propensos a las enfermedades. De hecho, si las personas realmente creen que la lluvia no las afecta, lo más probable es que enfermen menos que una que piensa lo contrario".

El segundo código es el ejecutor, el que castiga cuando se violan las fronteras. "Si de niño se aprendió que se castiga con la hostilidad, así es como se castigará a sí mismo y a los demás. Si aprendió que es con gritos o insultos, ésa será la fórmula utilizada".

El tercero es el más evolucionado y se llama código pionero. "Es el que salta las fronteras para explorar, pero solamente lo puede hacer por medio de la empatía y la compasión. La empatía nos fuerza a salir del propio campo; si tú tienes un dolor, mi empatía me obliga a ponerme en tu lugar para sentir ese dolor y eso me hace saltar la cerca. La compasión es aún más fuerte porque rompe las fronteras".

Esto significa, concluye el psicólogo, que estamos hechos para vivir en la empatía y el amor. "Existen dos grandes sentimientos: el amor, que engloba la ternura, la simpatía, la solidaridad; y el miedo, que engloba los celos, angustia, envidia, la ira. Cuando estos sentimientos negativos se vuelven crónicos, los sistemas biológicos no funcionan bien. Por el contrario, si se tienen sentimientos positivos como en el estudio de la madre Teresa, la salud mejora".

Como todas estas características de la personalidad se crean cuando niños, no es tan fácil cambiarlas, resalta el experto. "No basta desearlo; es como una fobia, hay que tratarse. Lo que se hace es explicarle al paciente estos procesos. Así, él aprende que cuando tiene miedo está a nivel de frontera y que con la empatía puede sobrepasarlo. Además, hay que descubrir cuál es el código castigador que tiene la persona para vencerlo".

De esta forma, la teoría biocognitiva se puede aplicar a diferentes situaciones de la vida cotidiana. "Por ejemplo, si una señora prepara la comida para las siete de la tarde y son las ocho y el marido no llega, él está atacando su frontera, que dice que la puntualidad es sinónimo de amor, y por eso la esposa tiene rabia y pena".

- Lo mejor que la mujer puede hacer en ese caso es analizar por qué se siente así, luego hay que dejar fluir los sentimientos negativos. Después, usará la empatía para ponerse en el lugar de su esposo y pensar que si llegó tarde es porque tuvo mucho trabajo. Si se mantiene la rabia, lo más probable es que ella lo ataque cuando llegue a la casa, pero si usa la empatía va a superar los sentimientos negativos que tan mal hacen a la salud.

Para lograr esto, explica el profesional, es fundamental no suprimir la primera emoción, porque si no, ésta queda reprimida y no hace bien. "Muchas personas reprimen sus sentimientos, siempre se ven alegres; luego, nadie se explica por qué mueren de un ataque al corazón. El reprimirse constantemente se transforma en un proceso crónico, se tiene al cuerpo en alarma y se generan derrames, cánceres y otras enfermedades. Es fundamental aceptar el sentimiento negativo para superarlo, no se pueden controlar las emociones ni los pensamientos, sólo es posible controlar la forma como se actúa".

El mejor ejemplo de esta teoría, concluye Mario Martínez, es la actitud de vida que tienen quienes logran llegar a vivir cien años o más. "Existen grupos de personas longevas en diferentes lugares del mundo, como los habitantes de Georgia en Rusia, los Umara en México o los Bilcabamba de Ecuador. Todos ellos tienen en común una cosa: son negociantes, hacen negocios en la vida. Viven el postulado 'si te dan limón haces limonada' ".

- Tienen una actitud tan positiva frente a la vida que no discuten sus designios, los aceptan de tal manera que los convierten en algo bueno para ellos. El mejor ejemplo es el de un hombre de 104 años de Bilcabamba que había perdido la vista. La investigadora le decía que era un problema muy terrible; él le contestó que no, que ahora cuando lo visitaba una mujer él tenía que tocarla para saber quién era.







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